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‘Las apuestas son más peligrosas que la violencia o el racismo’

‘Las apuestas son más peligrosas que la violencia o el racismo’

De lo primero que se acordó Michel Platini al llegar a Bilbao era del hotel, regio y céntrico, porque en el mismo lugar se había alojado para jugar, hace 31 años, un partido con la selección francesa. «¡Perdimos!». No era un presagio, porque hay pocas cosas que escapen a su control y al de sus fieles en un Comité Ejecutivo de la UEFA que viaja a España para conmemorar los 25 años de Ángel Villar, uno de sus vicepresidentes, al frente de la Federación Española.

Era simplemente una forma de romper el hielo, algo útil en el marco de organizaciones tan rígidas, sobre todo si es frente a periodistas. Con un grupo de informadores españoles dialogó sin evitar ninguna cuestión, salvo aquellas que tuvieran que ver con el fútbol nacional. Quien lo dirige esperaba fuera, hall arriba, hall abajo.

Poco, muy poco podía decir del Balón de Oro, porque implicaba compromisos peliagudos para un dirigente y porque bastante hizo ya Sepp Blatter. Quizás también porque ha sido futbolista y ganador del trofeo, y sabe de las vanidades de su especie. El jugador no deja de serlo nunca. «Ya he dicho que es fantástico que dos futbolistas tan diferentes como Cristiano y Messi, también como personas, puedan ser los mejores en el fútbol», añadió, no sin advertir: «Aunque Ribéry lo ha ganado todo este año». Para el foro de la UEFA, fue el francés el mejor de la temporada. Tampoco polemizó Platini con la descompensación del sorteo del Mundial, «porque también nos sucede en la Champions».

‘Yo voté a Qatar’

A todo lo más tópico, pues, el presidente de la UEFA respondió con diplomacia y desgana. Al contrario que a los puntos en los que quería incidir, como eran las apuestas, el control de los nuevos capitales que llegan al fútbol, y la controversia que le ha perseguido en su país desde la elección de Qatar como sede del Mundial 2022, en especial tras una reunión con el ex presidente Nicolas Sarkozy con aroma a lobby. «Yo voté a Qatar», empezó, para marcar la línea.

«Lo hice creyendo, y lo sigo creyendo, que es positivo ir al mundo árabe, donde jamás lo ha hecho la gran competición del fútbol. Es cierto que existen problemas, cuestiones relacionadas con los derechos humanos, pero parece que sólo se habla de ellas cuando es el fútbol, el deporte, el que decide ir a estos lugares. Nos pasó en Ucrania. También sucedió en China, con los Juegos Olímpicos», explicó Platini. «El fútbol va a intentar ayudar a que haya cambios sociales en Qatar, y soy consciente de que debemos apoyar a los trabajadores, pero hemos de saber, cuando tomamos estas decisiones, que sus ideas, su moral, no es como la nuestra», añadió.

En opinión del dirigente, sería una buena idea que, debido a las dimensiones del país, el Mundial transitara por varias ciudades y emiratos del Golfo Pérsico. Sobre lo que no tiene duda alguna es sobre las fechas. Fue tajante: invierno. Afirmó que será tras el Mundial de Brasil cuando la FIFA, de la que es vicepresidente, tome una decisión al respecto.

Qatar, sin embargo, le preocupa mucho menos que las apuestas ilegales, «un problema más grave para el fútbol que el racismo o la violencia». Las dos últimas se producen entre espectadores, en un ámbito que no sólo compete al fútbol, pero las «apuestas ligadas al amaño de partidos pueden destruir al propio fútbol». Platini anunció iniciativas para intentar que en el marco de la Unión Europea estos amaños sean considerados como «delito». En España ya tienen esa tipificación, recogida en el Código Penal.

‘El dopaje en el fútbol no existe’

Además de en la lucha contra el fraude, la UEFA de Platini ha sido pionera en la imposición de controles económicos a los clubes, con el porgrama Fair Play Financiero, pero el dirigente cree que hay que aumentar la vigilancia sobre las nuevas formas de propiedad, ligadas a fondos financieros, y de actualidad en España por la situación del Valencia, entre Bankia y el mejor postor. «Es una vergüenza que haya futbolistas que no sean propiedad de sus clubes, sino de fondos de inversión», aseveró. «Todo el mundo -prosiguió- quiere el dinero de los clubes, pero nosotros lo hemos de proteger, porque si no, morirán». Puso a Real Madrid y Barcelona, propiedad de sus socios, como fórmulas ideales, con una especial mención para el Athletic de Bilbao, aunque admitió las dificultades de su modelo para sobrevivir en un mercado tan competitivo, en lo deportivo y en lo económico.

Para Platini, estas nuevas fórmulas con las que se pierde el rastro de la propiedad, propician la fuga de riqueza que crea el fútbol sin que vuelva a reinvertirse en este deporte. «Unos 3.500 millones de euros circulan a ese nivel cada año, de los que 600 son comisiones de los agentes», explicó. La UEFA, en su opinión, no puede trabajar sola, porque necesita, a su vez, de las legislaciones nacionales, de los estados.

Menos vehemente, pero no menos claro, se expresó acerca del dopaje, harto de que se señale al fútbol, en su opinión, sin pruebas. «Nunca me creen cuando digo que el dopaje en el fútbol no existe. Pues miren las cifras. Realizamos alrededor de 1.800 controles al año, de orina y de sangre, y nuestro porcentaje de positivos es del 0,003%». Eso es, técnicamente, cero. «Jamás -añadió- he escuchado a ningún jugador, ni antes ni ahora, decir que en un equipo había dopaje organizado». Atrevida declaración después de las investigaciones que hubo en Italia en los años 90 y que afectaron, precisamente, al equipo de su vida: la Juventus. Durante la charla, supo Platini que había sido eliminada en la Champions. Ni una mueca. «¡Felicitaciones al Galatasaray».

Fuente: el Mundo