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El objetivo no es solo que Grecia pague lo que debe

El objetivo no es solo que Grecia pague lo que debe

Si los bancos privados no quieren perder dinero y a quien debe velar por el bien común le preocupa más que no se contagien las políticas de Syriza… ¿Quién vela por el interés común europeo?

El 25 de enero de 2015 el partido izquierdista Syriza ganó ampliamente las elecciones en Grecia, rozando la mayoría absoluta. La principal promesa electoral de este partido fue acabar con las medidas de austeridad que estaban empobreciendo al país y desarrollar nuevas políticas que lograsen un crecimiento económico, pero sin abandonar a su suerte a los parados y pensionistas. Es importante recordar que Syriza ganó a pesar de las muchas amenazas que recibió desde dentro y fuera de Grecia. Algo similar sucedió en Brasil antes de la primera victoria electoral de Lula da Silva y se ha repetido en tantas ocasiones. El pueblo griego no se dejó influir por las amenazas y votó en conciencia.

Un dato que necesariamente hay que tener en cuenta es que el pueblo griego lleva cinco años de extrema austeridad y la situación, lejos de mejorar, ha empeorado. Por esto, los griegos optaron por cambiar de políticas y otorgaron un mandato claro al nuevo gobierno. Este mandato lo resumió perfectamente un exultante Tsipras tras conocer los resultados electorales: “El nuevo Ejecutivo está listo para trabajar y negociar con nuestros acreedores una solución razonable al círculo vicioso de la deuda”. Otro dato necesario para entender la situación actual es que una amplia mayoría de los 28 estados de la Unión Europea y de los 19 que han adoptado el euro están gobernados por partidos de derecha o centroderecha. Fruto de esa tendencia ideológica, las políticas económicas dominantes en la Europa actual son más bien neoliberales, si bien con matices. Y en ese contexto, que un Estado desarrolle otro modelo de política económica es visto con mucho recelo por los actuales gobiernos.

Además, no hay que olvidar que hay grandes intereses en juego. Entre los principales acreedores de los griegos se encuentran grandes bancos alemanes y franceses, que tratan de evitar por todos los medios una reducción de la deuda griega. Su interés no es defender el bien común griego o europeo, sino ganar lo máximo posible. Sin embargo, no les gusta escuchar que ya impusieron elevados tipos de interés precisamente por el riesgo de prestar dinero a quien tenía muchos problemas económicos (la famosa prima de riesgo). Aceptaron el riesgo para intentar ganar más dinero. Pues bien, ha salido mal. No pueden decir que no lo sabían. Deberían decir en público lo que reconocen en privado, que la deuda griega es impagable y que debe acordarse una reestructuración, es decir, una quita, porque como sabe cualquier empresario es mejor cobrar la mitad de lo que te deben que esperar en vano a que te paguen lo que pone en la factura. La cuestión es que si los bancos privados no quieren perder dinero, incluso a costa de las pensiones o la sanidad de los griegos, y quienes deben velar por el bien común están más preocupados porque no se contagien las políticas de Syriza a otros países… ¿Quién velará por el interés común europeo?

No puede negarse que desde que el nuevo gobierno griego tomó posesión del cargo se ha producido una catarata de amenazas, bulos y tergiversaciones. Todo ha valido para desacreditar a un gobierno que, no lo olvidemos, es un socio europeo; y en segundo lugar, y no menos importante, ha recibido un mandato popular claro que respalda su actuación.

Hace unas semanas, comentábamos que, aunque no nos guste, hay que respetar la decisión del gobierno británico de convocar un referéndum sobre su continuidad en la Unión Europea. Y todos corrieron para ver cómo proceder y encajar esta decisión democrática de un gobierno que es un socio europeo. Ahora, un gobierno igualmente electo convoca un referéndum para someter a votación la propuesta de los acreedores y, de repente, los gobiernos europeos dicen que eso supone romper la baraja y dan por concluida la negociación. Es difícilmente explicable. Parece mucho más serio irse del club que negociar un pacto con los acreedores y, sin embargo, la reacción ha sido mucho más virulenta en el caso griego. ¿Por qué?

Ha sido muy ilustrativo lo sucedido estos días pasados con el documento filtrado por el Financial Times. Se trataba del documento en el que el Fondo Monetario Internacional (FMI) detallaba sus propuestas y enmendaba la que había ofrecido el gobierno griego. Sorprendía la severidad del Fondo respecto a las pensiones, exigiendo un mayor esfuerzo en reducirlas y ampliar los años de cotizaciones, etc. También exigía subir el IVA y otras muchas medidas duras. Sin embargo, apenas se ha comentado algo que tiene su interés. El FMI tachaba en rojo la propuesta griega de aumentar los impuestos sobre las corporaciones del 26% al 29%. Sorprendentemente, el Fondo exigía dejarlo en el 28%. Aún más inquietante, el FMI rechazaba la propuesta de recaudar dinero con impuestos en las concesiones de las licencias 4G y 5G y de imponer medidas fiscales en lo relativo al sector del juego y apuestas online. No se entiende esto, cuando el objetivo es recaudar más para pagar a los acreedores.

El FMI ha justificado esta medida diciendo que gravar con impuestos el juego online o las licencias de telefonía y datos 4G y 5G pondría en peligro el crecimiento económico. Es su opinión y, cuando menos, muy discutible. Se trata de una opción política. Si el FMI quiere regular la política económica griega lo tiene fácil: que se presente a las elecciones. Además, se trata de la misma institución que reconoció no hace mucho que sus políticas y recomendaciones habían sido profundamente equivocadas y habían agravado la crisis internacional. Sin embargo, insisten con las viejas recetas que condujeron a la crisis y que nos impiden salir de ella. Por un lado, han reconocido que solo con austeridad no se sale de la crisis, pero, por otro, quieren forzar a Grecia, a una Grecia ya exhausta, a que insista aún más con la austeridad. Los acreedores tienen legítimo derecho a buscar garantías de que van a cobrar, pero no tienen ningún derecho a imponer una política económica que ha sido explícitamente rechazada por el pueblo griego en sus elecciones de enero. Por eso, la decisión del gobierno griego de convocar un referéndum no solo no es un órdago (aunque refuerce su posición negociadora), sino una decisión lógica: si el gobierno alcanzó el poder con un mandato democrático y en la negociación ello resulta imposible, debe dimitir o consultar al pueblo antes de aceptar unas medidas que condicionarán el futuro del país.

Por otro lado, la insistencia del FMI hace surgir una pregunta: ¿Qué intereses defiende cuando rechaza que los griegos quieran gravar con impuestos el juego online o las licencias de telefonía y datos? El juego online constituye uno de los sectores económicos con más crecimiento de los últimos años, de los pocos que crece por encima del 8-10%. Es algo espectacular. Por todas partes florecen anuncios de casas de apuestas electrónicas y juegos online. No entraré a valorar la dimensión moral del asunto, aunque sea obvio que no es lo mejor para crear una sociedad sana, ni diré mi opinión sobre que estas empresas apunten en su publicidad sobre todo a los jóvenes, incluso menores de edad. Me limitaré a analizar el potencial de mover miles de millones de euros a través de las fronteras, sin casi pagar impuestos (por eso florecen como champiñones, porque las ganancias son escandalosas) y con un inmenso potencial para lavar dinero negro de todo tipo de negocios turbios, favorecer la corrupción y adulterar competiciones deportivas. ¿Cuál de estas posibilidades es la que le lleva al FMI a evitar la regulación y fiscalización del juego online? ¿En qué se basa para afirmar, por primera vez de forma explícita, que regular el juego online coarta el crecimiento económico? Es indecente la postura del FMI en este punto.

El primer ministro griego, Tsipras, una vez hecho público este documento del FMI, declaró que los acreedores o bien no tenían interés en alcanzar un acuerdo o bien estaban guiados por otros intereses. Grecia ha hecho cosas mal, está claro. y debe asumir las consecuencias, pero, sinceramente, leyendo el documento, es difícil no dar la razón a Tsipras.

La insistencia del FMI hace surgir una pregunta: ¿Qué intereses defiende cuando rechaza que los griegos quieran gravar con impuestos el juego ‘online’ o las licencias de telefonía?

No puede negarse que desde que el nuevo gobierno griego tomó posesión del cargo se ha producido una catarata de amenazas, bulos y tergiversaciones

Fuente: noticiasdegipuzkoa.com