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Todo sobre el sector del juego online en España

Tenis, un negocio de 7.800 millones de euros al año

Tenis, un negocio de 7.800 millones de euros al año

Las casas especializadas en juego implantan sistemas de monitorización que detectan irregularidades durante los partidos.
Las apuestas legales de tenis alcanzan una cifra cercana a los 7.800 millones de euros anuales, de esa cantidad, 2.700 millones se juegan en modalidad online. Por el sistema de internet, según la empresa H Gambling Capital, se mueve en todo tipo de deportes (la mayoría del fútbol) una cifra cercana a los 22.500 millones. Las apuestas deportivas en total (sin discernir online o ventana) genera un tráfico de unos 65.000 millones en el mundo.

Unas cifras mareantes, pero todos los especialistas coinciden en que el dinero en el juego legal supone sólo una mínima parte de lo que realmente se apuesta en el planeta. Los números se multiplican de forma gigantesca cuando se contabilizan las apuesta no registradas, ahí es donde entran los grupos mafiosos. Especialistas en apuestas sostienen que el juego legal (en países donde existe un marco legislativo y las transacciones son registradas) supone sólo el 20% de las apuestas realizadas. Expertos, como Maximilian Schmitt, creen que las apuestas deportivas mueven en total unos 750.000 millones de euros anuales.

Según Khalid Ali, secretario general de ESSA (Sports Betting Integrity, un organismo sin ánimo de lucro, con sede en Bruselas, que se creó en 2005 para supervisar los mercados de apuestas europeos), «prohibir las apuestas no ayudaría a controlar los amaños, sino que simplemente trasladará las apuestas a los operadores ilegales, donde seremos incapaces de monitorizar qué está sucediendo». Para entender cómo son detectados los amaños, es necesario conocer cómo funcionan las casas de apuestas de intercambio, como Betfair, Betdaq, frente a las casas de apuestas tradicionales.

Alertas
Las compañías de apuestas tradicionales -las más conocidas en nuestro país- también disponen de mecanismos de control que les alertan de cualquier actividad sospechosa. Pero cuentan, además, con una ventaja adicional y poco conocida: tienen la potestad de imponer estrictos límites a sus clientes ganadores. Incluso aquellos que obtienen sus ganancias de forma lícita gracias a su pericia, encuentran pronto su cuenta restringida, viéndose limitados a apostar cantidades ínfimas. Tienen, digamos, «derecho de admisión», lo que imposibilita que exista la figura del apostante profesional y minimiza la posibilidad de que estas empresas sean víctimas de un amaño. Quizá puedan sufrir de un arreglo en un evento menor (un partido de fútbol de Segunda División B…) que suponga un monto desdeñable, pero difícilmente serán el objetivo de los grandes grupos mafiosos.

Por el contrario, en las casas de intercambio las apuestas se cruzan entre particulares en un mercado abierto, y el operador cobra una comisión sobre las ganancias. Esto permite una profesionalización de la actividad y no hay límite a las posibles ganancias más allá de los que imponga la liquidez disponible.

No es casualidad que cada vez que se hable de amaños salga a relucir el nombre de Betfair, compañía líder en este sector: no porque sea víctima propicia, sino porque es el único ecosistema donde se mueven grandes cantidades y donde los clientes pueden obtener beneficios. Hablamos de un gigante tecnológico que procesa unos seis millones de transacciones diarias, cifra superior a la de las bolsas de Londres y Nueva York juntas. Betfair ha rechazado realizar declaraciones a este diario, siendo su postura oficial que el actual escándalo «es exclusivamente asunto de la TIU».

Sospechosos
Pero en ocasiones anteriores ha alardeado de su software Betmon, que monitoriza este ingente número de transacciones en busca de operaciones sospechosas. Aunque la forma en que opera es confidencial, se sabe que se basa en el reconocimiento de patrones y, probablemente, en detectar aquello que se aleja del comportamiento normal de un apostante ganador. Los jugadores profesionales tienen un perfil definido. Una cuenta recién registrada que de repente empiece a apostar y ganar cantidades serias, de inmediato llamaría la atención.

Un apostante profesional obtiene unos márgenes muy estrechos y unos beneficios irregulares. Sus predicciones sobre los resultados no son infalibles, sino que pierde muchas apuestas, pero tiende a ganar más de las que pierde obteniendo beneficios sólo en el largo plazo. Dosifica las cantidades invertidas, arriesgando en cada operación una pequeña parte de su capital. Es una actividad laboriosa y para el software de Betfair resulta muy fácil distinguir este comportamiento con el que tendría alguien que dispone de información privilegiada, que tendría tantas posibilidades de pasar desapercibido como un elefante en una cacharrería.

Esta información recopilada y diseccionada por Betmon, junto con las alertas recibidas también por sus propios clientes, es compartida en tiempo real con 40 organismos deportivos de todo el mundo. Entre ellos se incluye ESSA.

Fuente: El Mundo