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Todo sobre el sector del juego online en España

La ludopatía se detecta antes en el presencial

La ludopatía se detecta antes en el presencial

Con el título, “Cuando el juego no es un juego ¿Es una adicción?”, el nuevo libro de la reconocida psicóloga experta en adicciones, Débora Blanca, junto a su colega española Susana Giménez Murcia, recorre el problema del juego desde su condición patológica clínica hasta los problemas sociales que genera. Según la especialista, en Argentina, del total de jugadores patológicos, el 80 por ciento juega en bingos y son las tragamonedas, la modalidad más elegida.

Blanca explicó que en el libro se divide en dos partes, una explicando qué le pasa al jugador compulsivo y a su entorno, y otra referida a las nuevas tecnologías como fenómeno social.

El libro se divide en dos partes muy específicas, ¿Podrías hacer un raconto del contenido?
– En el libro hay dos partes, una es clínica, o sea que habla lo que le pasa al jugador compulsivo y los tratamientos; qué pasa con los jóvenes que juegan que son cada vez más, qué pasa con los viejos, con la pareja, el tratamiento familiar. También hay un capítulo junto a Marcelo Rafé, que explica qué es lo que pasa en el deporte de alto rendimiento, cuando los deportistas tienen que retirarse y empiezan a jugar compulsivamente, porque el retiro es como un duelo que tienen que tramitar psicológicamente ese trance, con todo lo que pierden y a veces se vuelcan al juego compulsivo. Después hay una segunda parte que es de investigaciones sobre las nuevas tecnologías, que toca el juego de azar, pero además los videojuegos, juegos en línea, redes sociales y todos los dispositivos tecnológicos que tienen ya una estructura bastante adhesiva. En definitiva, como nos está cambiando la vida la tecnología y como en algunos casos hay adicción, la cual es mucho más difícil detectar porque no tiene la condena social que pueden tener el consumo de drogas o de alcohol.

Entonces, hay un grupo de jóvenes que juegan cada vez más, como así un sector de personas mayores, ¿Podés explicar a qué se deben estos crecimientos?
– En realidad el juego a consumir, hablando de Argentina, creció gracias a la proliferación de ofertas de juego, llamalas bingos, casinos, más el juego online. Esto hizo que haya mucha más gente que juega al bingo y de toda esa masa de personas, va a haber un segmento que quede adherida permanentemente al juego. Dentro de esa franja empezaron a jugar muchas personas grandes, porque, en principio, se encuentran con nuevos vacíos, porque culturalmente en esta época el viejo tiene un lugar más marginal. Entonces, si la persona no tuvo una historia de curiosidad, de riqueza y de ocupación diaria, cuando se jubila y queda en segundo lugar de su propio entorno familiar, hay mucha soledad, mucho vacío, no hay espacios donde encontrarse, es el casino o el bingo los que toman el lugar que dejaron la plaza, el parque o el club de tango. Es decir, que muchos empiezan a jugar porque sienten que el bingo es un lugar de encuentro con otros. El problema que una vez que se vuelven jugadores compulsivos el único otro que importa es la máquina, que le permite a la persona mayor matar el tiempo, evadirse.
¿Y qué pasa con los jóvenes?

– En los jóvenes, lo que me parece que se está produciendo es que hay una continuidad entre la forma de jugar y la forma de vivir. Se trata de encerrarse en ciertos lugares porque lo público se fue acotando. Hoy los adolescentes jóvenes, los chicos de 13 o 14 años, se ven complicados para estar en un lugar público por la inseguridad, entonces muchas veces su espacio es su propia habitación donde juega online con todos sus amigos. De ahí hay un deslizamiento directo, que va de la mano con el tema de ganar plata rápido y denostar el trabajo, hacia la idea de llegar rápido al éxito. Incluso el bingo puede transformarse en un lugar de encuentro y socialización para estos jóvenes, por su cercanía y hasta porque tienen comida barata.

¿Los procesos de tratamientos en ambos segmentos deben ser muy diferentes?
-Sí, porque la gente grande que llega a tratamiento son traídos generalmente por los hijos y se trata de darles un espacio para que hablen de su soledad, los duelos que no pudieron hacer, ya que muchas veces la patología se manifiesta cuando enviudan. El tratamiento pasa por ofrecerles un espacio para que puedan hablar de ésto, darles alternativas de encuentros siempre teniendo en cuenta que existen casos más complicados, en donde esas personas ya tuvieron comportamientos patológicos de jóvenes. Esos nudos son mucho más difíciles de desatar. Con los jóvenes es un poco más complejo en principio, porque la subjetividad es distinta, entonces hacer de una persona joven un paciente, alguien que venga y que quiera hablar, requiere un trabajo previo y extra. Una vez que se instala y confía, reconoce que el juego le está haciendo mal, que no puede armar proyecto, que no puede estar con la persona que quiere o que está repitiendo la historia del fracaso del padre. Cuando empieza a darse cuenta y pensar en todo ésto, puede ir corriendo el juego a un costado.

¿Que plantea el libro sobre las nuevas tecnologías?
– El libro se pregunta en uno de sus capítulos si la adicción a los videojuegos es la más grave, porque una de las cuestiones más complejas es lo no presencial. Por ejemplo, el juego patológico en el bingo o en el juego presencial en general es más fácil de detectar para el familiar, hay una cuestión con el tiempo que es más sencillo detectar. Cuando se juega online esto está dificultado y cada año que pasa sin consultar o sin poner un freno, se vuelve más grave la situación. En el tema de las tecnologías lo que ocurre es que todavía no está estudiado desde el marco científico, es decir que todavía no entró en el manual de psiquiatría. La ludopatía entró en el año 1980, por lo que se considera desde entonces una patología y no ya como un vicio. Las adicciones tecnológicas son muy nuevas, se están haciendo muchas investigaciones, pero sí se ve que cada vez hay más gente que no puede despegarse de Facebook o de internet y que en realidad su vida pasa por lo virtual, los vínculos son virtuales. Esto favorece a las fobias porque las personas no son capaces de construir vínculos reales lo hacen a través de lo virtual. La tecnología tiene muchas cosas positivas porque nos ha cambiado la vida, pero en situaciones de vulnerabilidad puede llevar a que la persona se vuelva dependiente de los dispositivos virtuales y cada vez tenga menos contacto con lo real.

¿Crees que falta educación sobre este tema?
-Sí, me parece que este tipo de adicciones requieren de mucho trabajo de información, de prevención en las escuelas, porque creo que en este tema en nuestro país estamos en pañales. Hay que educar a las personas para que puedan manejar internet sin depender emocionalmente. Hay que poder restringir el uso de las redes sin anularlas.

¿Hay cifras sobre los jugadores patológicos en nuestro país?
– Sí. En base a estadísticas del Manual sobre juego patológico preparado por Lotería de la provincia de Buenos Aires, el segmento de los jugadores se divide por sexo en 52 por ciento para los hombres y 48 para las mujeres, muy parejo. El 26 por ciento es de la franja de entre 41 y 50 años, el 24 la que va de 31 a 40, el 23 por ciento 51 a 60 años, el 13 por ciento corresponde a mayores de 60, el 12 por ciento de 21 a 30 y un 2 por ciento de menores de 20. Si lo relacionamos con el tema del nivel intelectual, encontramos que el 37 por ciento tiene el secundario completo, el 19 incompleto, un 11 por ciento cursó estudios terciarios, un 6 por ciento universitarios, un 2 por ciento primario incompleto y otro 2 por ciento ningún estudio. Con respecto a los lugares de juego, el 80 por ciento lo hace en bingos, siendo las tragamonedas la modalidad más elegida con el 65 por ciento. Le sigue la ruleta electrónica con un 13 por ciento, 8 por ciento ruleta convencional, 5 por ciento bingo, 5 por ciento quinielas y el 4 restante se divide en todo lo demás.

Fuente: eldiario.deljuego.com.ar