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Así son los reyes de los eSports

Así son los reyes de los eSports

De pequeño, Kuro KuroKy Takhasomi era un niño tranquilo que pasaba mucho tiempo en su habitación jugando con una consola Nintendo.

A pesar de tener tanta energía como sus colegas, una enfermedad en las piernas y en los pies le impedía salir corriendo a jugar o hacer deportes como los demás. Los videojuegos fueron su escape de la realidad hasta que se convirtieron en su manera de ganarse la vida. A los 24 años, el alemán de origen iraní es el jugador de esports con las mayores ganancias totales: más de 3,3 millones de dólares anuales (unos 2,8 millones de euros). Kuroky es el capitán del Team Liquid, que en agosto se consagró campeón mundial del videojuego Dota 2.

En el mismo equipo juega el jordano Amer Miracle Barqawi, de 20 años, el número dos en el mundo. Miracle empezó a jugar a los 12 años, por influencia de su hermano mayor, y entró en el ránking casi de inmediato. “Había empezado por divertimento, pero cuando vi mis resultados decidí dedicarme a esto en serio. Cuando un reclutador me escribió, pensé ‘a lo mejor puedo ser un jugador profesional. A lo mejor puedo ser uno de los mejores”, cuenta. Y así fue. Gracias a su talento, Miracle factura 2,9 millones de dólares (2,5 millones de euros) al año.

Los sueldos elevados se deben al crecimiento de la industria de esports a través de patrocinios (la mayor fuente de ingresos) y de los derechos de los medios de comunicación. “Los salarios se dispararon recientemente debido a la entrada de diferentes inversores que ven los videojuegos como una gran oportunidad”, explica Soren Ruge, director de negocios de la consultora Newzoo, al referirse a las marcas de otros sectores que quieren acceder al público limitado y generalmente con grandes recursos económicos de los esports. Este fin de semana se celebra la Madrid Gaming Experience, que reunirá a expertos y jugadores del universo gamer.

Otro factor que explica los sueldos millonarios es la profesionalización de los equipos. “Algunas competiciones han apostado por entregar grandes sumas en metálico para atraer nuevos jugadores y nuevas marcas. El caso más claro es el del videojuego Dota 2, de Valve Corporation, y su torneo The International con unos premios en metálico superiores a 24 millones de dólares [unos 20 millones de euros]”, comenta Walter van Lotringen, de la consultora Nielsen Sports.

Si las recompensas son elevadas, el coste para alcanzarlas es proporcionado. Para ser un atleta de los esports, dicen los expertos, se necesita lo mismo que cualquier otro deportista, además de talento: pasión, disciplina y dedicación. Eso se traduce en rutinas de entrenamiento de hasta 10 horas diarias, siete días a la semana, durante todo el año. “Cualquier equipo que se precie hace convivir a sus integrantes en una Gaming House, donde entrenan durante todo el día para revisar jugadas ensayadas y analizar cosas a mejorar en el grupo”, cuenta Van Lotringen. Durante la mañana, los jugadores realizan ejercicios físicos durante dos o tres horas, para aliviar tensiones y mejorar los reflejos, y por la tarde se dedican a las consolas.

Ese ritmo de vida pasa una factura en la salud emocional de los jugadores, que además de tener poco tiempo para el ocio o para ver a sus familiares, lidian con la presión de las competiciones. “La exigencia es máxima y los puestos en un equipo, que tanto cuestan de conseguir, son muy volátiles. Es decir, un jugador que esté en el clímax de su carrera puede encontrarse sin equipo la próxima temporada”, explica van Lotringen. Por eso, muchos equipos reciben entrenamiento psicológico.

Soren Ruge cuenta que el equipo Astralis, por ejemplo, uno de los mejores en Counter-Strike, contrató a un psicólogo deportivo después de una serie de situaciones de alta presión en las que perdió la oportunidad de convertirse en el número uno. Un par de meses después, el equipo ganó el ELEAGUE Major, uno de los mayores torneos de ese videojuego. “Otro ejemplo es el Team Dignitas, propiedad de los Philadelphia 76ers de la NBA, que tiene acceso completo a las instalaciones, a los entrenadores y personal de apoyo del equipo de baloncesto, lo que les permite recibir el mismo apoyo físico y mental que los jugadores deportivos tradicionales para poder competir en el nivel más alto”, comenta.

Brecha de género

A pesar de que la exigencia y la rutina de entrenamiento y competiciones son las mismas para las jugadoras profesionales, ellas se quedan apenas con una pequeña porción de la tarta millonaria de los esports. La primera del ránking femenino, la canadiense Sasha Scarlett Hostyn, de 20 años, campeona de StarCraft II, no llega a ganar 200.000 dólares anuales. Preguntadas por esa brecha salarial, las empresas del sector se limitan a decir que se trata de un tema “complicado”, ya que “no es una cuestión exclusiva de los esports, sino que se trata de un problema social más amplio”.

Pero esa brecha se hace más evidente en el mundo de los videojuegos. Scarlett, por ejemplo, tiene el récord Guinness de mayores ganancias por una mujer en los esports (144.000 dólares), gracias a su desempeño en StarCraft II. El logro es eclipsado por el hecho de que el mejor jugador en la misma categoría, el coreano Jan Ming-Chul, factura cerca de 495.000 dólares. Es decir, Scarlett ha hecho un 29% de las ganancias de un hombre, muy por debajo del promedio de la brecha de 78% a la que las mujeres se enfrentan en otros sectores.