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Todo sobre el sector del juego online en España

El vendedor de máquinas de juego que forjó un grupo hotelero

El vendedor de máquinas de juego que forjó un grupo hotelero

Comatel nació en la década de los 90 con solo tres empleados y hoy factura 110 millones de euros al año. Contará con cuatro hoteles de lujo en el centro de Valencia en un año y medio.

Nada hacia presagiar a la familia Molina cuando emigró desde Ciudad Real que sus hijos llegarían a amasar una fortuna a orillas del Mediterráneo. Un imperio que se ha forjado en torno a máquinas recreativas y de juego pero que comprende ya cuatro decenas de firmas de diversos sectores de actividad. Desde el hostelero al inmobiliario pasando por el turístico, el que ha otorgado mayor notoriedad pública al grupo Comatel, un conglomerado empresarial que facturó 110 millones de euros al cierre del pasado ejercicio.

Detrás de este holding se sitúa un emprendedor manchego seducido por su tierra de acogida, Fidel Molina, quien inició esta aventura a principios de la década de los 90. Para entonces ya desempeñaba la función de director comercial en una empresa del sector del juego con capital belga pero radicada en Málaga. «En realidad, fundé Comercialización de Material Electrónico (Comatel) para ayudar a un amigo, Ramón Rojo, que había perdido su empleo», explica. Hoy, este proyecto fortuito se erige en una de las distribuidoras de máquinas de premio más relevantes del país.

La historia empresarial de Fidel Molina es la de un hombre de negocios hecho así mismo. Casi autodidacta. «Estudié Magisterio, aunque hubiera deseado hacer Derecho, pero no había suficiente dinero en casa», admite. Sus padres, propietarios del bar Quijote en Catarroja, no podían hacer frente a cinco años de gastos, así que se resignó a cursar una titulación más corta.

Su etapa universitaria discurrió entre la Facultad y la barra del negocio familiar, donde echaba una mano a sus progenitores. Allí tuvo contacto por primera vez con las máquinas de premio, las conocidas popularmente como tragaperras. Su funcionamiento le cautivó tanto que exploró el sector del juego antes incluso de finalizar sus estudios. Con la diplomatura bajo el brazo se inició como comercial para la mencionada firma malacitana, donde encadenó ascenso tras ascenso. La constitución de Comatel se trató, en verdad, de un accidente.

Su papel en esta nueva sociedad fue prácticamente residual en sus inicios. Mientras continuó trabajando para la mercantil andaluza apenas participó en la gestión. Sin embargo, con el paso de los años su visión empresarial y la de sus jefes comenzó a divergir. Por eso Fidel decidió dar un golpe de timón y enrolarse en la empresa que él mismo fundó tiempo atrás.

Por entonces la actividad de esta firma de distribución de material electrónico aún era muy limitaba. Ubicada en un bajo comercial de poco más de 50 metros cuadrados contaba con sólo tres empleados. El aterrizaje de Molina supuso un punto de inflexión. El manchego recuperó el 50% del capital social, hasta entonces en manos de un socio catalán, e hizo las maletas. Comenzó a viajar en busca de productos que marcaran la diferencia y que permitieran un rápido despegue. «Si eres uno más, sólo se puede competir con precios bajos», reflexiona.

No era el modelo que pretendía para su empresa. Comatel se lanzó a importar nuevos artículos desde Hong Kong, Suiza, Alemania o Reino Unido que consiguieron elevar los márgenes y engordaron la tesorería. La gran oportunidad llegó, sin embargo, de la mano de ACE, un fabricante británico con el que rubricó un acuerdo de distribución en exclusiva para el mercado español. Para estampar su firma, Fidel tuvo que hacer de tripas corazón. «El mismo día que debía tomar el vuelo, mi hermana y mi cuñado sufrieron un gravísimo accidente en Albacete. No podía aplazar el viaje porque nos jugábamos el tipo, así que envié un socio al hospital», relata Molina. Finalmente, la alianza resultó todo un éxito: se vendieron más de 13.000 unidades en toda España.

La operación les abrió las puertas de otros grandes fabricantes como JPM -forma parte del grupo Sega Japón- que se tradujo en alrededor de 15.000 nuevas ventas. Lo cierto es que los vínculos del sector con los grandes desarrolladores de videojuegos son muy estrechos. Konami, Taito e incluso Nintendo cuentan con sus propias divisiones en este negocio.

«La tecnología del juego está en constante evolución, se dedican muchos fondos a I+D+i», expone Molina.

Y no sólo se invierte en diseño. Antes de entrar en servicio, cada una de las máquinas ha de superar un exhaustivo examen en laboratorios homologados por el Estado, donde se certificar que cumple con la normativa. «Se simula medio millón de partidas para determinar si el dispositivo reparte un mínimo del 70% de la recaudación en premios, en ciclos de 20.000 o 40.000 partidas», añade Fidel.

El coste de estos ensayos puede superar los 10.000 euros por unidad. Precisamente, los avances en el desarrollo de nuevo productos posibilitaron el mayor pelotazo hasta la fecha del grupo. En 1997, Comatel alcanzó un acuerdo con la empresa austríaca Funworld para introducir en España las primeras máquinas de pantalla táctil. Photo Play se alzó con el 80% de la cuota de mercado con más de 25.000 unidades vendidas en tan solo tres años.Desde entonces se han sellado numerosas alianzas comerciales, entre otras con el mayor operador internacional de apuestas, Betconstruct. Se trata de una operación clave para Pastón.es, una plataforma de juego online de la que Comatel es el máximo accionista, y que ha permitido al holding posicionarse en el creciente sector de las apuestas deportivas.

Sobre la posibilidad de que existan amaños y juego ilegal, Molina es tajante: «El sector del juego es el más regulado que existe. A los empresarios del sector se nos exige un certificado de penales y debe estar inmaculado. Sí puede existir actividad al margen de la ley, por ejemplo, en el caso de partidas de póquer entre particulares o algunos tipos de apuestas, pero no es posible en el juego regulado», insiste el empresario de origen manchego.

Paradójicamente, a Molina no le gusta el juego: «Llevo yendo al menos una vez al año a Las Vegas desde hace 30 y todavía no he jugado a ninguna máquina, ni a la ruleta o el Blackjack. Pero es que no me llama la atención ni las damas, el dominó ni el parchís. Conozco a mucha gente que le gusta y en su justa medida no representa ningún problema, pero no es mi caso».

Después de tres décadas entre máquinas de juego, Fidel acredita un profundo conocimiento del sector. «Salvo en el mercado japonés, donde abunda el pachinko [una suerte de pinball], en la mayoría de países se suele jugar a los mismos tipos de juego. Sin embargo, es importante adaptarse a cada mercado», continúa. Ésta es la labor que efectúan los distribuidores como Comatel: «Conocemos a los jugadores locales, a los laboratorios, y somos los que recomendamos a los fabricantes de qué modo terminar el producto. Un fabricante extranjero sabe cómo hacer unos buenos gráficos cómo tener un buen balance de premios pero no tiene ni idea de cómo distribuirlos en cada mercado».

A su juicio, las empresas españolas ofrecen un gran nivel de desarrollo de software en máquinas de juego, pero su peso se reduce en otros subsectores del negocio. «Por ejemplo, las cotizaciones de apuestas deportivas están en manos de muy pocos proveedores internacionales».

Si bien el juego es la base de Comatel -y también su negocio principal- la compañía ha diversificado su actividad prácticamente desde los orígenes. De hecho, no sólo distribuye todo tipo de artículos de juego, también explota máquinas recreativas y cuenta incluso con una cadena franquiciada de bares y cafeterías, Barriobar, que dispone de una treintena de locales asociados. Mención aparte merece el patrimonio inmobiliario del grupo, que se ha convertido en el germen del incipiente negocio hotelero, que desarrolla bajo la enseña Myr. Por ahora sólo dispone de un establecimiento abierto en el centro de Valencia, aunque hay otros dos en obras y un tercero en proyecto, que se ejecutará en el que es todavía el cuartel general del PSPV, que Molina adquirió a finales de 2017 por 5,8 millones de euros. La filial de Comatel ha acordado invertir más de 56 millones en la puesta en marcha de estos nuevos hoteles.

GRUPO COMATEL, EN CIFRAS

Negocios.
Se trata de un conglomerado empresarial muy diverso, que parte del la distribución de máquinas de premio, pero que cuenta con divisiones en el sector hostelero, hotelero e inmobiliario.

Empleados.
En las cerca de 40 empresas que conforman este grupo trabajan entre 250 y 300 personas. La cifra aumentará en un 50% cuando los nuevos hoteles abran sus puertas.

Facturación.
La cifra de negocio del grupo presidido por Fidel Molina alcanzó los 110 millones de euros al cierre de 2017. Aperturas. Está prevista la apertura del Marqués House en abril y el del Palacio Vallier en septiembre.

Fuente: ElMundo