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Todo sobre el sector del juego online en España

El juego ‘on line’ requerirá la huella dactilar para apostar más de 150 euros

El juego ‘on line’ requerirá la huella dactilar para apostar más de 150 euros

Salpicado con las caras de Carlos Sobera, el anuncio de 888poker lanza un mensaje de entusiasmo por los naipes, el fútbol o la ruleta on line: «¡Entra, entra, entra; mira, mira, mira; apuesta, apuesta, apuesta; sufre, sufre, sufre; ríe, ríe, ríe; salta, salta, salta; vive, vive, vive! Juega, juega, juega». Es uno de los spots más directos y polémicos, 19 segundos imposibles si su contenido fuera considerado «agresivo» o «banalizador de los riesgos del juego», según la regulación que estudia el Gobierno. El decreto limitará la publicidad y aumentará el control de la identificación de los jugadores, sobre todo en apuestas superiores a 150 euros.

«Ese anuncio es compulsivo; no hay escapatoria. Cada vez que lo veo me pongo malo», dice Victoriano, que vigila no repetir aquellos 35 años de adicción a las tragaperras que le arruinaron por dentro y por fuera.

Jugar es legal. Sólo el juego por internet genera 250.000 empleos y facturó el año pasado 13.317 millones de euros (el 1,14% del PIB), según la Asociación Española de Juego Digital. Y aportó 150 millones al Estado.

Para la mayoría, un full de poker o una apuesta de fútbol son un rato de intriga que no marca su vida. Pero para casi medio millón de personas (el 0,9% de la población ha sufrido juego patológico) jugar no es un juego: gastar más de lo que se tiene; robar, mentir, romper la familia, matar la autoestima… Ser esclavo del juego.

El Pacto presupuestario entre el Gobierno y Podemos busca «proteger de la adicción a las apuestas y los juegos de azar y la ludopatía». La Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ) afirma que los índices de ludopatía, esas 450.000 personas, se mantienen «relativamente estables» y «por debajo» de otros países.

Incluso el aumento de quienes se han autoprohibido el juego no es tomado por la DGOJ como un indicador de incremento de la patología: «Muchos familiares se inscriben por solidaridad y el mayor registro puede deberse a más concienciación de los riesgos». Aun así, el dato es llamativo: si en 2012 había inscritas en el Registro de Interdicciones de Acceso al Juego 29.496 personas, en 2017 eran 41.117. En altas por años, si en 2012 se inscribieron 1.270 personas, en 2017 lo hicieron 4.528. Casi cuatro veces más.

El Pacto Gobierno-Podemos cita la «proliferación» de «publicidad agresiva vinculada a famosos o a bonos de acceso gratuito» y la «inundación» de anuncios para apostar en fútbol que llegan también a menores «generando adicción y ludopatía». El Pacto pide una regulación como la del tabaco y el destino de parte de la tasa que pagan los operadores a la «reparación de efectos negativos».

Así, el Gobierno trabaja en un decreto «estricto». Un portavoz del Ministerio de Hacienda apunta intenciones: restringir la publicidad a horarios no infantiles y valorar que personas con influencia social no hagan anuncios, algo que sí hacen Nadal, Neymar o Cristiano. La DGOJ dice que la nueva regulación de la publicidad «garantizará la salud pública de los consumidores y los colectivos vulnerables, sin banalizar los riesgos del juego». El Gobierno quiere «modificar la actual proliferación y, en ocasiones, el contenido agresivo o inadecuado de la publicidad».

La otra gran novedad afecta a la identificación de quienes se registran para jugar on line, lo que impide el acceso a menores o autoprohibidos y evita la suplantación de identidad.

Ahora, los operadores de juego deben pedir el DNI a los jugadores y pueden comprobar su identidad por sus medios o enviando los datos a la DGOJ para que ésta los cruce con la Policía. Si el decreto sale adelante, las empresas estarán obligadas a «verificar documentalmente» la identidad de los jugadores que hagan un depósito mayor de 150 euros, «lo que reducirá la actividad y los riesgos asociados al juego problemático».

Esa identificación, aún no especificada, podrá incluir «desde el envío de documentos digitalizados hasta la comprobación de los datos biométricos de los jugadores contrastándolos con los que aparezcan en el DNI».

Los datos biométricos identifican a la persona física inscrita en un registro y están amparados por la ley de Protección de Datos. Son la huella dactilar, los reconocimientos del iris, la retina o la cara, la geometría de la mano o la comprobación de la firma, la escritura o la voz. La huella dactilar es un dato biométrico que, por ejemplo, teléfonos inteligentes usan como medida de seguridad para acceder al dispositivo.

Un tercer paso del decreto es el desarrollo de una app para móviles que permita autoexcluirse del juego on line por seis meses o más.

Fuente: ElMundo