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Todo sobre el sector del juego online en España

Desafortunado artículo en La Vanguardia: «Juega, juega, juega»

Desafortunado artículo en La Vanguardia: «Juega, juega, juega»

Le reproducimos íntegramente.

Fuera las casas de apuestas de nuestros barrios. Que no jueguen contigo”, bajo una calavera taladrada por un gusano. Este ha sido un ­cartel multiplicado en farolas, árboles y fachadas desde hace meses en España. Del mismo modo que las asociaciones de lu­dópatas se movilizaron en los años ochenta ante bingos y casinos, la sociedad reacciona ante la explosión incontrolada del juego y las apuestas.

Es difícil conseguir datos globales sobre el número de jugadores y el dinero que mueven. Sólo por lo que respecta al juego presencial, en el 2018 el número de apos­tadores rozaba el millón, con un crecimiento del 30% respecto al año anterior. El volumen de lo que juegan superaría los 40.000 millones de euros, en una estimación conservadora. Pero bajo los porcen­tajes hay dos hechos que aterran: apostadores y dinero crecen a velocidades de dos cifras y los mayores incrementos se dan entre chicos de 18 a 25 años. Y digo chicos porque son mayoritariamente ellos y no ellas los que se juegan el dinero. Un dinero que, por cierto, no tienen. Pero al problema en la calle se suma el online. Los grandes gigantes del sector de las casas físicas de apuestas, Codere, Luckia o Sportium, se quejan de la competencia desleal de los competidores online, a menudo radicados en paraísos fiscales y con servidores en ­Gibraltar.

La última ley sobre el juego data del 2011, en la legislatura Zapatero, y aún no se ha aplicado del todo. La empezó a ejecutar el gobierno Rajoy, el mismo en el que militaba, como ministro de Justicia, Rafael Catalá, antiguo ejecutivo de Codere que ahora ha dejado la política para regresar allí. La influencia del lobby del juego ya se notó cuando se cambió el concurso obligatorio para obtener licencias por la simple autorización administrativa. En las calles, mientras tanto, la guerra va por barrios, porque la regulación es competencia de las comunidades autónomas. Las hay más restrictivas, como Catalunya, donde la distancia entre un establecimiento y otro es sideral si se compara con Madrid, donde no hay limitación y las casas de apuestas se han multiplicado por tres en los últimos cinco años. Pero las denuncias son iguales en todas partes: juegan menores, a menudo la cerveza es gratis e incluso se deja fumar. El objetivo: los barrios más castigados por la crisis, que empuja el espejismo del juego como falsa solución. Como resumía un cura del deprimido barrio Puente de Vallecas de Madrid: “Hay chicos que roban para poder apostar. Lo que hacían sus padres y madres para sobrevivir ahora lo hacen ellos por el juego”.

Apostadores y dinero crecen a velocidades de dos cifras y los mayores incrementos se dan entre chicos de 18 a 25 años

Peor es el juego online, donde impera la ley de la selva y todo vale para mantener enganchado al jugador, echando incluso al que gane demasiado. Eso no ha impedido que grandes figuras del deporte presten su cara a la publicidad apabullante con la que se incita constantemente a apostar. Sólo TV3 y ETB se han plantado y se niegan a emitir los spots de las casas de apuestas. Mientras los legisladores viven su sueño dorado de estrategias de poder y tácticas para hundir al contrario, este verano algún chico más habrá echado mano a la cartera de los padres para hacerse mayor apostando. Feliz regreso a la realidad.